de caballeros
templarios, habrían cruzado el Atlántico mucho
antes que Colón transportando hasta el Nuevo
Mundo, y más concretamente a Argentum (¿Argentina?),
una serie de objetos sagrados. Entre ellos se
encontraba el Santo Grial, que debía ser depositado
junto con otro objeto de poder: "nuestro" Bastón
de Mando.
A partir de ese momento, sugiere Benítez,
el Bastón de Mando, conocido también como "Piedra
que Habla", "Piedra Imán" o "Piedra de la Sabiduría",
se convertiría en una pieza tan deseada como
el Grial y buscada por hombres de ciencia, aventureros,
místicos e incluso expedicionarios militares.
Sobre el objeto ya habla Roger Bacon en una
obra publicada en 1230. Asegura el célebre filósofo
y esoterista inglés que el Libro Sagrado y la
Piedra de la Sabiduría -¿el Bastón de Mando?-
se encuentran escondidos en una cordillera de
un lejano y silencioso territorio ubicado en
el extremo meridional del Hemisferio Sur. En
1830, un ambicioso jefe araucano -conocedor
de las leyendas de las tribus que habitaban
el norte y el centro de la Argentina- decidió
penetrar con sus guerreros en las sierras de
la Ventana, Tandil, Balcarse, Pillahuincó y
San Luis, llegando incluso a la ciudad de Córdoba
en busca de "la Piedra que Habla y dominará
el mundo...".
Las leyendas sobre las propiedades mesiánicas
del Bastón de Mando hicieron que, entre 1920
y 1940, sucesivas expediciones inglesas, alemanas,
indias, japonesas y francesas se lanzasen a
la caza y captura de la Piedra de la Sabiduría.
Incluso las SS de Adolf Hitler protagonizaron
alguna de esas expediciones, asesorados por
los astrólogos y videntes del III Reich que
consideraban el Bastón de Mando como una pieza
fundamental para culminar las ansias mesiánicas
del Fhürer. Pero los nazis, al igual que el
resto de buscadores, fracasaron...
Un bastón para Ulises
Quien tuvo más suerte fue Orfelio
Ulises, un hombre que entró en la historia esotérica
de Argentina en 1934. Había permanecido ocho
años en el Tíbet, en donde de los labios de
los lamas y de los "maestros de Shambhala" escuchó
hablar, por primera vez, de la Piedra de la
Sabiduría. Años después, ya de regreso en Argentina,
desenterraría el mítico Bastón de Mando del
escondite en el cual había permanecido oculto
durante siglos: el cerro Uritorco de Capilla
del Monte (Córdoba, Argentina). Apareció junto
a otros dos objetos, una piedra circular parecida
a un moledor y un tercero que el descubridor
quiso que quedara enterrado allí...
Por alguna razón, Orfelio Ulises consideró
que el depositario de aquella singular pieza
arqueológica, arrancada de las entrañas de la
mítica montaña, debía ser un no menos insólito
personaje: el Dr. Guillermo Alfredo Terrera.
Este hombre, profesor en Derecho y Ciencias
Sociales en la Universidad de Córdoba desde
1954, académico abierto y de mentalidad renacentista,
terminó convirtiéndose en punto de referencia
del esoterismo argentino. Versado en mil disciplinas
y autor de numerosas obras fue el custodio del
Bastón de Mando hasta el día de su muerte, que
le llegó el 19 de noviembre de 1998.
Legado indio
El bastón fue encontrado partido en tres
trozos de 43, 40 y 28 centímetros. Mide en total
1.11 metros de longitud y unos 15 centímetros
de diámetro. Pesa algo más de 4.5 kilogramos,
pese a que por su apariencia y por la sensación
que causa al tenerlo entre las manos es de que
posee mayor entidad.
Esculpido en basalto, el pulido de la piedra
fue datado en hace más de 7.000 años, lo que
desconcierta notablemente a los historiadores
y arqueólogos. Sin embargo, para Guillermo Terrera
no suponía ningún problema aceptar esa datación,
ya que sin ningún pudor relacionaba el Bastón
de Mando con el origen de los indios comechingones
-aborígenes barbados y de rasgos nórdicos que
poblaban la región antes de la llegada de los
españoles- con las leyendas que hablan de las
visitas de dioses extraterrestres en el pasado
y con la ciudad subterránea de Erks, poblada
supuestamente por seres de otra dimensión, que
según explica en su libro Antropología metafísica,
se encontraría en las entrañas del Cerro Uritorco.
Además, dicho bastón era una especie de "antena"
gracias a la cual, y en el transcurso de extrañas
ceremonias, entraba en contacto con aquellos
seres de otros mundos.
Guillermo Terrera, a quien tuvimos la fortuna
de conocer hace ya algunos años, afirmaba sin
temor, en contra de las teorías que ligan la
llegada del Bastón de Mando con los templarios,
propone otra hipótesis sobre el origen de la
pieza y asegura que los antiguos comechingones
fueron conducidos por "seres superiores" (¿acaso
los aparentes extraterrestres que retrataron
en sus pinturas rupestres?) hasta Argentum (Argentina)
cruzando el estrecho de Bering con el Bastón
de Mando entre sus posesiones.
Las teorías de este peculiar personaje encontraron
eco entre diferentes grupos esotéricos latinoamericanos,
muy influenciados -como Terrera, por cierto-
por el hitlerismo esotérico y el tradicionalismo
mágico que tanto influyó en el III Reich. Con
su muerte, y como explican el sociólogo Emilio
Zubiría y el periodista Alejandro Ravazzola,
la fascinación del mundillo esotérico argentino
por sus sorprendentes teorías, un peligroso
cóctel en el que se mezcla nazismo, nacionalismo
y hermetismo, se hizo todavía mayor.
Todos los grupos de corte esotérico han querido
heredar el Bastón de Mando. Pero según Ravazzola,
sólo el grupo Delfos podría considerarse como
continuador de la obra del controvertido ocultista
cordobés. De hecho, según sus investigaciones,
dicho colectivo ha realizado numerosas expediciones
tanto en el Uritorco como en la Patagonia siguiendo
las pistas sugeridas por Terrera en sus libros
en torno a la ubicación del Santo Grial en Argentina
y la presencia de templarios en aquellas tierras
antes, incluso, del descubrimiento de Colón.
Tan arriesgadas propuestas fueron creídas a
pies juntillas por los nazis de la II Guerra
Mundial, muchos de los cuales se refugiaron
en Argentina importando su convencimiento a
propósito de la ubicación del insólito objeto.
Este último hecho, por cierto, fue confirmado
por el centro Wisssental en América Latina y
el Mossad, que descubrieron la continuidad del
hitlerismo esotérico -y ufológico- en Argentina,
hoy representado públicamente por el diplomático
chileno Miguel Serrano, conocido defensor de
la teoría que sostienen que los OVNIs actuales
son naves desarrolladas por los ingenieros nazis
que lograron sobrevivir a la II Guerra Mundial
y que podrían habitar algunas ciudades subterráneas
como Erks, que se encontraría, como señalábamos,
bajo el cerro Uritorco.
Delfos y su líder, el ingeniero Fernando Fluguerto
Martí, es hoy un colectivo envidiado -y admirado-
por los esoteristas argentinos al haber sido
proclamado como heredero no de sólo los conocimientos
de Terrara sino también del preciado Bastón
de Mando que hoy muestran orgullosos... Pero
viven engañados...
Los dos bastones
Los hijos de Guillermo Terrera viven
al sur de Buenos Aires. Aún recuerdan con cierto
horror las circunstancias que rodearon el entierro
de su padre. Nos explicaron cómo aún estando
caliente el cadáver, algunos de los asistentes
al velatorio, que presidía el Bastón de Mando,
se abalanzaron sobre la codiciada pieza "como
locos, asegurando ser los escogidos de los seres
superiores para heredarlo", nos asegura el hijo
del hermetista, también llamado Guillermo. El
joven, tan alto y fornido como su padre, forcejeó
con ellos para recuperar el bastón, que para
esconderlo acabó enterrándolo en cierto lugar
para evitar un posible robo. Así que no es de
extrañar que nos asegurara, ante nuestra sorpresa,
que desconocía quiénes formaban el colectivo
Delfos.
¿Significaba aquello que existían dos bastones,
uno en posesión del citado grupo esotérico y
otro custodiado aún por la familia de Terrera?
La respuesta es... ¡Sí! La historia del bastón
falso resulta rocambolesca. Según nos explicó
su hijo, Guillermo Terrara fabricó una réplica
del "fetiche" por temor a perderlo a manos de
algunos visitantes de cuyas intenciones no estaba
seguro.
La pieza apócrifa no presenta las roturas
de la original y su peso es considerablemente
menor. Pero quien no haya sostenido con sus
manos ambas piezas no podría percatarse de la
diferencia... Ahora bien, ¿cómo llegó el bastón
falso a manos de los miembros del grupo Delfos?
Según nos comentaron los familiares de Terrera,
la segunda esposa del hermetista, tras el fallecimiento
de éste, se distanció de los hijos del primer
matrimonio y no dudó en ceder el bastón falso
al grupo esotérico. Sin embargo, la pieza original,
la auténtica, junto a su base piramidal y su
"memoria" de miles de años, siguen bajo la custodia
de la familia de Terrera.
Pero los dueños del verdadero Bastón de Mando
no saben qué hacer con él ni qué uso darle.
Y por eso han decidido poner a la venta el fetiche
esotérico, en espera de que quien lo adquiera
sea una persona preparada para continuar la
obra de su padre. También desean que sea alguien
poderoso, tanto como los ex presidentes Juan
Domingo Perón o Carlos Menem, este último amigo
personal de Terrera. Y es que ambos quisieron
adquirirlo décadas atrás, aunque fracasaron
en su intento porque Terrera no quiso desprenderse
del objeto mientras vivió.
Eso sí: el nuevo dueño tendrá que desembolsar
varios millones de dólares, lo que ha despertado
el temor de los investigadores, que sospechan
que el Bastón de Mando puede salir de Argentina.
Y esta posibilidad les irrita: "Se encontró
aquí, y aquí estuvo desde los tiempos de los
comechingones, así que adoptaremos todas las
medidas legales precisas para que esa pieza
regrese a donde siempre debió estar: en este
lugar en el que ahora nos encontramos", expresó
con contundencia a Mundo Misterioso el investigador
argentino Jorge Suárez a los pies del mítico,
misterioso y desconcertante cerro Uritorco.
Miguel
Blanco
Próximo
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